viernes, 11 de agosto de 2017

ARTÍCULO

COSMOS
Héctor CONTRERAS ORGANISTA
¡¡¡Llegó el bolillo light… llegó el dietético…!!!
CECILIO REYNA HERNÁNDEZ
-Panadero-

Cada pueblo, cada país, cada región del mundo ha tenido sus pregoneros. La ciudad de México en el siglo XIX particularmente se distinguió por ello. Desde los vendedores de carbón y leña hasta las mujeres de Xochimilco que ofrecían bellísimas flores y ofertaban “¡Chichicuilotitos… vivos!”.
Recorrían kilómetros y kilómetros diariamente por las calles de la gran ciudad con su pregón: “¡Mérqueme flores, siñor!... ¡Ándele, Marchanta: llévese estas florecitas!”.
A mitad del siglo XX aparecieron en las calles de la ciudad de México los ropavejeros:
¡Ropa usada que vendaaaannnn!... ¡Compro botellas!… ¡compro papel!… compro cartón…!
Y así, el pregón se fue transformando. El mismo Joaquín Pardavé protagonizó una película con ese título: “El Ropavejero”. Esa ha sido la importancia que han alcanzado los pregones de la ciudad. Son las Voces del Pueblo.
En la ciudad de Quito, capital del Ecuador, todas las mañanas y desde las casas
en alto, hechas de madera y próximas a la plaza de armas, salían por las ventanas hacia los transeúntes del centro de la capital ecuatoriana la advertencia:
¡Aguas van…!, y atrás del grito… los orines… para vaciar las bacinicas que en el curso de la noche juntaban las agüitas de riñón. Tal vez de ahí provenga el grito de ¡Aguas!, ¡aguas!, cuando se trata de alguna advertencia callejera.
En Tixtla nació un declamador brillante que fue reconocido internacionalmente, Don Jesús Jiménez Bello.
Alguna noche de 1965 ofreció un recital en el auditorio del INJUVE o Casa de la Juventud de Guerrero.
Lo trajo invitado Armando Herrera Fonseca, quien entonces era administrador de la institución.
En la voz de ese declamador escuchamos en verso los viejos pregones de la ciudad: “México Pregón”, de Miguel N. Lira, quien había recogido la forma cantada en que los pregones se hacían por las calles y avenidas de la gran Ciudad de Los Palacios.
Siempre es una delicia para alimentar el espíritu conocer detalles de la vida de los pueblos por medio de su música, pintura, poesía, escultura o, como en este caso: los pregones.
Al paso de los años tal vez alguien preguntará cómo vivió el Chilpancingo los inicios del nuevo milenio. Y entonces otro alguien posiblemente dirá que Chilpancingo siempre tuvo personajes… O mejor dicho: Personajazos, que fueron de lo más creativo e ingenioso… y a veces, todo lo contrario, con ocurrencias que forman parte de la historia de los pregoneros callejeros como los vendedores de “jugo de coco” que sin rubor así lo anuncian porque suponen que así debe publicitarse por las calles la venta de agua de coco: “¡Jugo de coco!”
¿Cómo exprimirán el coco?
O, como la vocecita chillona de un niño que escuchamos en las pequeñas camionetas recolectoras de basura que recorren día y noche la ciudad: “La basura, jefa… la basura…”. Voces que se quedan en la memoria del pueblo para siempre, producto de una ocurrencia.
Hace algunos años, quienes habitamos la capital del estado de Guerrero comenzamos a escuchar algo que llamó la atención y causó risa y curiosidad.
Recorriendo las hediondas y muy leyvamenamugrosas accidentadas calles de la ciudad iba un hombre cargando en la cabeza un enorme canastón con pan, y para promoverlo, gritaba:
¡¡¡Llegó el bolillo light… Llegó el dietético!!!
¡Ah, caray! ¿Cómo que bolillo light… dietético?
Y salían las señoras a comprar el bolillo light, el dietético… Y los señores y las muchachas salían del hogar para comprar.
El bolillero observó que su forma de anunciar fue todo un éxito y le siguió.
Pero el asunto no quedó allí. Llamó la atención en varios programas de radio y televisión en la ciudad de México y “el bolillo light” se comenzó a hacer popular en todo el país… (a ver si no se lo agandallan los de Bimbo).
El es el señor Cecilio Reyna Hernández quien popularizó ese pregón.
El nació en Atoyac de Álvarez, Guerrero, en la región de la Costa Grande de Guerrero hace 49 años. Su mamá es doña Tayde Hernández Gómez y su papá fue don Apolinar Reyna. El segundo apellido de su progenitor lo desconoce porque murió cuando él recién había nacido.
Su esposa es la señora Claudia Rojas Pólito y son padres de cuatro hijos: dos mujeres y dos hombres.
Cuando hace años llegó la familia a Chilpancingo, don Cecilio buscó trabajo. “Me ofrecieron trabajo para que yo vendiera Herbalife, pero vi que ese trabajo no era para mí y entré a trabajar en la Panadería de Godofredo, que estaba por la colonia Plan de Ayala y ahí estuve año y medio.
Cuando salí con mis canastón a vender el bolillo por las calles se me ocurrió decir: Llegó el bolillo light, porque lo relacioné con el trabajo que me ofrecían, el de Herbaláif… y vi que la gente se reía y salía a comprar el pan… y así vendí rápidamente mis bolillos… Luego también se me ocurrió decir: ¡Llegó el dietético…!, y más risas y más venta”.
Después, Godofredo cerró la panadería y don Cecilio se fue a trabajar a otra que se localiza por la colonia Zapata. De ahí comenzaron a llamarlo en varias panaderías por su forma de anunciar la venta del bolillo, al grado que tmbién trabajó en la Panadería “Guerrero”.
La vivienda de la familia es mucho muy modesta, se localiza por el puente de la colonia Obrera. Don Cecilio, siendo costeño tiene una voz ronca, firme, fuerte y le da el tono de hablar al estilo de la gente de la costa.
Suponemos que por eso su pregón es muy original. Para recorrer las calles del centro de la ciudad sale de la panadería con su canastón lleno a las 6 de la mañana, actividad que repite por las noches y dice que con ello gana para dar de comer a su familia, unos 80 pesos diariamente.
Aún no se tienen noticias si el bolillo light o “el dietético” han logrado adelgazar a quienes los consumen.

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